jueves, 21 de julio de 2011

Me gustas mucho

Me gustas mucho

-todo bien, sos nuestro amigo, lo que quieras, pero estando con nosotros no podes vestirte así -negó con su cabeza el cachetón, viendo como estaba vestido su amigo
-no me importa la apariencia, yo solo quiero aprobar todas las materias, para poder ingresar con facilidad a una buena universidad -aseguró
-encima mirá como hablas! Agustín tiene razón, cómo es que somos tus amigos? -acotó el rubio pelilargo
-gracias eh! pero la verdad sé que me quieren -asintió
-para peor, cursi. No lo puedo creer, cada vez sorprendés más -ahora habló el rapado

~

-vos sos puro bla, bla. Nunca haces nada -le dijeron y ella miró a su amiga
-querés ver que no es tan así? -desafiante
-qué vas a hacer rubia? -preguntó la más petiza de entre ellas
-mírenme -y decidida encaró hacia donde estaba el chico que la volvía loca, a pesar de no ser nada que ver a lo que se decia  "un chico fachero". Prolijidad extrema, unirforme muy arreglado, demasiado estudioso y nada de fiestas

Se metió entre sus amigos sin importarle nada. Todos la miraban sin entender. Lo tomó del rostro y directamente lo besó, sabiendo que él no se iba a negar. Todo lo contrario, el morocho le correspondió felizmente, dejando a los que miraban más que atónitos. Ella se separó apenas, le sonrió, entrelazó su mano con la de él y lo llevó lejos de ahí.

Llegaron hasta la sala de materiales de educación física, ingresaron allí y trabaron la puerta. Ese recreo era bastante largo, tenían tiempo para ellos. Automáticamente luego de estar solos de verdad y sin miradas clavadas sobre ellos, la rubia, Rocio en realidad, se aferró al cuello de él, Pablo precisamente. Lo abraza, lo miraba y rozaba sus labios. Esperaba que él se animara a avanzar, y por suerte para ella, eso no tardó en suceder.

Ella se sentía en el cielo. Tenía cierta seguridad de que iba a conseguir acercarse a Pablo, aunque nunca creyó que iba a ser de esa manera, pero de todos modos, era algo de lo que menos le importaba. Le gustaba desde hacía mucho. Sus amigas no le creían, se animó, y ganó.
Pablo aún seguía sin entender nada. Él, un chico nerd de 6to año, al cual casi nadie soportaba por su forma de hablar y de ser, tenía amigos increibles, y veía el amor muy lejano. Recién ahora se daba cuenta lo equivocado que estaba.

Poco a poco ella fue desarreglandole la vestimenta. Sacó su  corbata y la tiró al suelo. Segundos luego, él mismo se deshizo de su campera. Mientras todo esto sucedía (pegados contra una pared de ese pequeño cuarto del colegio), no dejaban de besarse, esa conexión experimentada por primera vez hace intantes atrás, les había encantado a ambos, a tal punto de no querer separarse más.

Rocio comenzó a colocar sus manos bajo la camisa de él. Tocando toda su espalda, disfrutando del contacto. Pablo no se quedaba atrás, besaba el cuello de ella con pasión, una que nunca había sentido por nada ni nadie, y que jamás había imaginado sentir. Juntos estaban aprendiendo a querer a alguien, sin decir nada, mirándose de reojo y con cariño, tocándose con delicadeza, besándose con ternura.

Pero no todo siempre es color de rosa, algo tuvo que interrumpir aquello. No fue una persona sino un sonido en particular: el timbre del recreo, anunciando su fin. Si era por Rocio, se quedaban allí hasta cualquier hora, pero lo conocía al chico, sabía la importancia que él le daba a los estudios, entonses, como deseaba que se sienta respetado por ella, se separó lentamente, sin quitarle la mirada de encima.

-me gustas mucho. Anotate que esto no queda acá -sonrió, se acomodó su ropa y se fue, dejando a Pablo más que contento. Suspiró, la alegría inundó su rostro y también se marchó

De esta misma manera, nacía un nuevo amor. Rara la forma y raro el amor, pero qué importaba eso? Comenzaba una nueva pareja, con sentimientos guardados por parte de ella y una frase que le quedó flotanto todo el resto de la mañana, en la cabeza, a él: "me gustas mucho". Inconsientemente al morocho le pasaba exactamente lo mismo, Rocio le gustaba mucho.


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