miércoles, 27 de julio de 2011

Amor con cuidado

Amar con cuidado

La vieron caminar por el patio del colegio con un chico unos cuantos años mayor que ella, tomados de la mano y muy sonrientes. A la chica, le encantaba su forma de ser, pero mas que nada la seguridad que le daba, que sentía estando con él. Si se los veía, parecían un chico con su hermana menor, por el tan particular cuidado y delicadeza con la que la trataba, pero realmente eran una pareja, muy reciente, pero novios en si.

Ella nunca lo persiguió, pero siempre lo miraba, tímida y con disimulación, aunque él era astuto, y notaba la vista de ella en su persona. Un día se le acercó, dejándola helada y completamente nerviosa. Sus amigas se fueron del lugar y él pudo hablarle mas tranquilo. Le decía cosas lindas y ella cada vez se enamoraba más.

Así pasaron las semanas. La chica nunca más mencionó al chico con sus amigas; ellas pensaban que había sido solo una obseción del momento, y que aquella vez que charlaron, él la habia desepcionado; pero quedaron sorprendidas ese mismo día. Al verlos de esa manera, todos quedaron atónitos. No se pasaba por alto que él era uno de los mas lindos de la institución, y estaba con una menor, que nadie registraba.

Llegaron hasta el pasillo de las aulas, caminando, sin darse cuenta. Ella tomaba una gaseosa, y él la miraba atento y silencioso. Estando a su lado, la ruba, Rocio, se ponía un poco nerviosa, porque a pesar de que ya eran novios, no paraba de pensar en todo lo que los demás seguro decían ahora de ella, porque quizás, muchas hablaban, opinaban que el morocho de ojos verdes, Pablo, la estaba usando, jugaba con una menor, creándole falsas esperanzas, para después hacerla sufrir, pero sabía que así no era, porque las tantas veces que hablaban, él le aclaraba que no tenía que escuchar a los demás, porque no era una mala persona como creían ellos. Tal vez ingenua, pero Rocio le daba credibilidad a su palabra.

De repente, la rubia tuvo ganas de besarlo, entonces, torpe, giró, para mirarlo de frente, pero de esta manera, le volcó su bebida en la chomba blanca de él, ensuciándolo.
Ella se tapó la boca preocupada, ni siquiera lo miraba a los ojos, por lo avergonzada que se sentía. A todo esto, Pablo se reía entre dientes.

-si... si queres... podemos ir al baño... y te limpio -le ofreció Rocio aún con la vista gacha
-me miras? -le pidió dulce y ella hizo caso -sos tan linda cuando te pones así -le acarició el rostro
-vení conmigo -le tomó la mano y se dirigió hacia dionde antes le había dicho

Entraron y fueron hasta las piletas, para allí poder intentar hacer algo con la remera. Ella lo observó a él, y luego a su vestimenta. Pablo entendió perfectamente, y bajo la mirada atenta y no disimulada de Rocio, se quitó lo sucio y se lo entregó.
El  torso marcado de él estaba al descubierto, y eso hacía que, notablemente, ella esté más que nerviosa.
A pesar de eso, intentó no hacérselo saber a él, entonces tomó la chomba, y comenzó a mojarla y fregarla. En si, hacía todo eso para no pensar en la situación.

-te ayudo -comentó, para luego colocarse detras de ella, poner sus manos arriba de las suyas y hacer lo mismo que si
-pu...puedo sola, no... no te preocupes -era su primer novio enserio, su primer experiencia en el amor, se entendía su posición

Instantanea y bruscamente, Pablo dejó a un lado la remera, y la dio vuelta a ella. Pegó sus cuerpos y rozó sus labios, mirándola fijamente a los ojos color miel que tanto lo cautivaban. Ella fue cerrándolos despacio para así apoderarse de los labios de su novio, al cual tanto quería, y agradecía por todo lo nuevo que la estaba haciendo sentir.

El beso fue tomando mas sabor. En ese lugar estaban solo ellos, nada del exterior importaba, en su mundo permanecían unicamente los dos, besándose, queriéndose, disfrutándose.
Pablo, lentamente pasó una de sus manos por debajo de la remera de ella, explorando toda su espalda, tan cuidada y suave como la de una niña pequeña, y con la otra acariciaba, sumamente tierno, su mejilla. A Rocio, esto mismo, le encantaba, pero
se sentía algo insegura, y a pesar de no querer mostrarlo, Pablo se dio cuenta de ello.

-no va a pasar nada que no quieras, tranqui rubia -dijo aun entre sus labios. Ella tenía sus manos en la nuca de él, jugando con su pelo, mientras que el morocho la tocaba sutilmente. Ambos con los ojos cerrados
-gracias -agregó la rubia sin intenciones de separarse
-p... por... por qué? -preguntó como pudo
-por amarme con tanto cuidado -respondió diciendo cada palabra con una pausa de besos entre sí

No despegaban sus bocas por ninguna razón. El aire de ese baño cada vez estaba mas inundado de suspiros y palabras bonitas, pero como bien había dicho Pablo, no iba a pasar a mayores, simplemente se besaban con pasión, demostrándose así todo su cuidadoso amor.

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